lunes, 2 de septiembre de 2013

ANNA (madre de Nacho)


Como ya he comentado en alguna ocasión, hace ya unos años que tuve una experiencia personal que marco significativamente mi vida. Donde una vez superada dicha adversidad, he llegado a considerar dicha experiencia como algo muy positivo, porque conceptos tales como la confianza, la seguridad en mí mismo, la autoestima y la importancia de los pequeños detalles, aumentaron espectacularmente. 
            .
Y por ello,  la percepción que tengo de la vida, queda resumida en la siguiente frase:

“LA VIDA DEPENDE DE LA INTESIDAD CON QUE SE VIVE, NO DE SU EXTENSION”.(Emil Ludwing).

En esa etapa tuve que ingresar en un hospital en más de una ocasión. Estancias en las que, para intentar distraerme y pasar el tiempo  cuando no recibía visitas y en la medida de mis posibilidades, me dedicaba a pasear por diversas estancias y lugares del centro.  Siempre acompañado de mi inseparable soporte de suero y cableado adjunto.

En uno de dichos paseos llegue a la denominaba área de hospitalización oncología infantil. Una planta totalmente diferente marcada por la decoración de sus paredes y vestíbulos. Con dibujos de escenas alegres de contenido infantil con los que, según me indicaron,  se pretendía conseguir que los niños ingresados, perdieran el miedo al entorno médico y que se encontrasen como en casa.

Objetivo: dar continuidad a su vida, apoyados, tanto por sus padres, como por los profesionales del centro.

Niños que me dieron grandes lecciones por lo mucho que he aprendí de ellos: por cómo se enfrentaban a su enfermedad, su valentía y  su coraje. Recuerdos que puedo asegurar,  me ayudaron y mucho, a soportar la carga emocional que iba implicar mi estancia hospitalaria.

Estos niños son admirables y tenemos que aprender mucho de ellos, por su fuerza, por su serenidad…. Son asombrosos.

Uno de ellos era Nacho con 10 años y con un delicado  diagnóstico: una Leucemia Linfoblástica Aguda, pendiente de un donante no familiar de médula ósea. Ciertamente una situación complicada.

Niños que, como he dicho antes, tienen un gran apoyo familiar, en el caso de Nacho, de su madre Anna (por descontando también del resto de su familia).

Madres que pasan días y noches enteras en el hospital, luchando cada momento por la vida y la salud de sus hijos, preocupadas por ayudarles a enfrentarse esta difícil situación.

Anna era una de ellas.

Tuve la ocasión de conocerla en una de esas visitas a planta justamente un día en que por la tarde se realizaban actividades lúdicas en las que suelen actuar diferentes grupos: payados, magos y que según me contaron, tienen el objetivo hacer disfrutar tanto a niños como a padres, para intentar mejorar su calidad de vida y ayudarles en su recuperación física y emocional.

Actividades en las que puede observar que todos participaban:  profesionales médicos, enfermeras, auxiliares que se olvidan de su trabajo y se transforman durante unas horas en payasos, magos,… Familiares, padres, madres, abuelos, hermanos, que no dudan en formar parte del espectáculo, en ponerse una nariz y transformarse en un clon provisional y los que sin duda, para sus hijos, serán los mejores payasos del mundo.

Y ello es lo que me llamo la atención, fijándome en Anna que con una bata de colores, una peluca rubia y la típica característica nariz roja, no dudo en participar (pese imagino, a su estrés y cansancio físico)  para obtener la sonrisa tan deseada de todos esos pequeños y maravillosos seres y en especial de su hijo Nacho.

Motivo por el que me decidí a hablar con Anna.

Y así fue como en las diferentes visitas que les puede realizar fui descubriendo como era la vida de Anna:

Cuando te enfrentas a una situación como la de Nacho te enfrentas a algo a lo que nadie te ha preparado, nadie. Donde para nada te lo esperas y sobre todo cuando afecta a una parte fundamental de ti: Tu hijo.

Convives con la incertidumbre diaria y la esperanza. Donde la carga emocional es muy alta y donde la desesperación no tiene cabida.

Como madre me he dado cuenta de que mi papel y el de las otras madres  es primordial, por algo tan simple que todas las mujeres poseemos.  Una especial capacidad para interpretar el lenguaje no verbal de nuestros hijos. Que nos permite captar sus emociones, generando una relación diría entre ambos cuyo objetivo es  transmitirles la seguridad         necesaria e imprescindible para su estado. Una reacción  que  podría compararse a la que tenemos  cuando el niño es recién nacido.

Nuestra compañía hace que nuestro hijo se sienta querido y protegido, donde estoy seguro que somos el mejor apoyo para ellos.

Mi hijo me necesita y me debo a él.

Por supuesto que esto ha implicado postergar aspectos de mi vida, como el profesional, donde me he tenido que hacer cargo de Nacho a día de hoy hospitalizado. Me siento muy responsable de la salud de mi hijo.

Ello también ha  afectado a mi vida familiar. Mi otra hija más pequeña de 6 años Elena, no lo está llevando bien, primero por la situación de su hermano y por otro porque piensa que quiero más a Nacho que a ella. Sé que debo a enseñarle a interpretar entre lo que es urgente e importante y en este caso es cuidar a su hermano hospitalizado, pero no es fácil.

También se ha alterado la vida en pareja. En general los padres nos solemos turnar para acompañar a Nacho y suelo ser yo la que paso más tiempo junto a él, por ello la interacción es mínima y eso también es importante, pero como he dicho antes lo primordial es que Nacho supere su enfermedad.

Pero también debo decir lo orgullosa que estoy de mi hijo que pese a su situación, no ha cambiado su humor y que cada día me demuestra y me da una lección sobre cómo llevar una enfermedad tan grave con una madurez y naturalidad extraordinaria.

Por eso mi hijo y los niños aquí ingresados son dignos de admiración y no de lástima.

Toda nuestra lucha y todo lo que estamos haciendo por ellos nunca será suficiente.

Y tienes toda la razón Anna.

Sirva este pequeño testimonio como homenaje a todos aquellas MADRES EXCEPCIONALES que como Anna,  han vivido y están viviendo estas delicadas y duras experiencias donde pese al dolor, la angustia, la desesperación de la situación,  lo combaten con amor, coraje, fe, valentía y esperanza.

Nacho consiguió someterse a un trasplante de médula ósea de donante no familiar y afortunadamente lo logró superar.

Anna, Nacho nunca os podré olvidar.

"Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol". Martin Luther King.





DAMIAN

“Soy muy consciente de que la vida que he elegido no es fácil, pero me gusta mi trabajo”. 

Y ciertamente así era.

Es una de las frases que escuche a Damián, ganadero de profesión al que tuve el privilegio de acompañar durante dos días por tierras de Avila trasladando y atendiendo ganado.

De vacaciones por tierras castellanas, nostalgia y cariño de una Castilla la Vieja que siempre llevo y llevaré en mi corazón. Junto con un gran amigo, nos encontrábamos pasando unos días en un hermoso pueblo de la zona del Barco, pueblo de su familia y donde en una de las reuniones / conversaciones coincidimos con Damián.

Su profesión: ganadero desde que casi comenzó a caminar y no habían pasado muchos años, Damián tenía 25 años.

Uno de los pocos jóvenes de su edad, que había decidido seguir con la tradición ganadera de su familia, un camino duro, con un día a día complicado y nada fácil, sin fiestas, sin fines de semana, vacaciones. De extensas y largas jornadas que se iniciaban al alba y culminaban al anochecer (la noche), con un único objetivo: atender al ganado prácticamente las 24 horas del día.

Jornadas caracterizadas por una gran responsabilidad y compromiso en las que no se puede fallar y en las que, con toda seguridad, surgen las emociones, tales como llegar a pensar algo tan impactante como tener la sensación de haber perdido la juventud, pero por lo que puede observar,  para Damián esto no era ningún impedimento para que al día siguiente se levantase con más fuerza y  seguramente en ello, en su motivación, algo tendría  que ver lo que su padre, me comento, le había dicho en más de una ocasión: para dedicarse a este trabajo hace falta mucho amor, mucho valor y mucha ilusión.

Estaba claro, escuchar y conversar con Damián merecía la pena, provocaba algo esencial: pensar y sentir.

Por ello cuando nos propuso acompañarle y compartir, durante más de 24 horas, su día a día, no pude negarme. Y en esta ocasión algo excepcional: trasladar ganado de una zona a otra y en la que se debía de pernoctar al volver.

Sinceramente propuesta difícil de renunciar, sobre todo si se le añade algo primordial: debía realizarse a caballo, campo a través; con toda seguridad, una gran e inolvidable experiencia.

Así fue como en unos tres días nos pusimos en marcha cuatro personas, con unas 35 vacas mansas con la intención de llevar este ganado a otros pastos donde estarían hasta finales del otoño para cuando el tiempo es más crudo y comienza a amenazar la nieve.

Describir esta apasionante “aventura”, por campos, dehesas, caminos, lugares indescriptibles, con la responsabilidad que implicaba conducir eficientemente ese ganado (y más concretamente acompañados con dos personas totalmente novatas, inexpertas), es algo que a lo que debería dedicarle un amplio espacio y que me apartaría de lo que en este breve relato quiero describir, algo que sin duda algún día escribiré.
Y donde no puedo dejar de agradecer tanto a Damián como a Francisco, (la otra persona más mayor que nos acompañaba), el habernos ofrecido esta gran oportunidad, que sin duda ha quedado para siempre en nuestra mente como algo inolvidable y cuyo recuerdo, nos acompañara toda la vida.

Gracias de todo corazón….

Pero en este emocionante “viaje” mi interés era profundizar y conocer más a Damián.

Cómo una persona tan joven, con una presumible corta experiencia en la vida dura del campo, podía estar tan seguro de sí mismo, de  saber lo que quería y de mantener una increíble actitud positiva hacia la vida.

Damián lo tenía muy claro: vivía por y para su trabajo y que pese a lo duro del mismo, al que le dedicaba casi las veinticuatro horas del día, este, era su verdadera pasión:

Yo opté por no huir a la ciudad como muchos de los jóvenes y amigos de mi edad en busca de una vida mejor. Quería ser ganadero y vivir en mi pueblo, contribuir y ayudar a su crecimiento económico, sustento que está muy vinculado a lo que yo hago y a lo que otros muchos se dedican (agricultura / ganadería).

Mis motivos, darle continuidad a la ilusión, al esfuerzo de sus  bisabuelos, abuelos, padres, generaciones que siempre se dedicaron a esta digna y dura labor: la ganadería.

Me explico que junto con su hermano y sus padres y algún que otro trabajador, vivían de su explotación ganadera, compuesta de ciento veinte vacas repartidas en unas  ochenta de leche y otras cuarenta de las denominada raza Avileña, vacas negras, muy negras, justamente las que trasladamos. Reses de las que se obtiene una excelente carne, de un sabor especial,  fruto de una alimentación natural (frutos / bayas)  conseguida por consumir pastos en lugares diferentes.

Dedicados mayormente al cuidado del resto del ganado (vacas de leche), al que había que atender de diariamente: preparar su alimentación (las vacas comen todos los días, decía), su limpieza, retirada de basura, cuidados y sobre todo su exigente  plan de ordeño diario (hoy afortunadamente más cómodo por la maquinaria, ordeñadoras), punto con el que a día de hoy se ganaban la vida, la venta de la leche producida, pero que cada día daba menos beneficios y márgenes.

No me quedaban dudas y era fácil de ver: Damián, desde siempre, quiso vivir y ganarse la vida en su pueblo.

Una vida con toda seguridad muy dura, de una gran responsabilidad y compromiso, donde el lamento y la desánimo no tienen lugar y que pese a su juventud el asumió y se comprometió.

Se dice que la responsabilidad es más que un compromiso y que no se nace con ella, que se adquiere con la madurez, tras hablar y conversar con Damián,  en su caso no ha sido así, ambos valores tomaron conciencia a una edad muy temprana.

Con el tiempo supe que continuó en el pueblo que nunca quiso abandonar y que formo una familia, a la que con toda seguridad transmitió, esos valores.

Damián era una Persona autentica, diferente,  fiel a unos principios y normas, cuya puesta en práctica, le permitieron desarrollar los valores necesarios e imprescindibles con los que acatar y asumir su compromiso, pese a su juventud.


“El precio de la grandeza es la responsabilidad”. Sir Winston Churchill

MARIA

Madrid año 1974.

Año que recuerdo especialmente porque mi familia tomo la decisión de cambiarnos de vivienda, donde nos trasladamos de un piso céntrico ubicado en un barrio castizo de Madrid, a las afueras de la ciudad junto a uno de sus pulmones verdes, la Casa de Campo.

El cambio era a mejor, un piso más amplio y sobretodo una zona más tranquila y menos contaminada (ruidos, ambiente, etc.).

Pero también con su parte negativa (desde la perspectiva como niño) tanto para mi hermano como para mí,  dejar a los amigos del barrio y de nuestro colegio… un cierto y gran  traumatismo.

Dicho colegio, se encontraba a unos 15 minutos andado desde casa. Al principio nos llevaba mi madre, pero con la llegada de mis otros dos hermanos gemelos, mi madre tuvo que dejarlo adjudicándome yo esa responsabilidad: cuidar de mí y de mi hermano, ir y venir del colegio, al principio comiendo allí y posteriormente en casa (cuatro viajes). Puedo asegurar que hoy en día difícilmente se podría asumir, no por la distancia, si no por situación de inseguridad y desconfianza latente en esta sociedad, que desafortunadamente nos ha tocado vivir.

Un gran reto para mí que me hacía sentir importante, adulto y mayor, probablemente inconsciente competente y en alguna ocasión incompetente, vamos todo un hombrecito, todo un “machote”.

Yo presumía de ello delante de mis compañeros de clase y estos a su manera lo respetaban. De entre ellos guardo especial nostalgia y recuerdo (no volvimos a vernos nunca más) de Vicente. A diferencia del resto, Vicente era un chico bajito, algo regordete y con gafas, pero muy muy simpático, siempre tenía la sonrisa en su boca y muy inteligente en cuanto al tema académico.

Vicente y yo, podría decirse con firmeza, nos considerábamos grandes amigos.
Por ello cuando le comunique que me iba del colegio, el impacto y shock fue traumático para ambos, con unos doce años estábamos en el límite en lo que los expertos denominan la amistad intima.

Con toda seguridad  y con el objetivo de poder minimizar el hecho, en ambas familias se intento realizar algún tipo de acción. Ambos habíamos trasladado a nuestros padres dicha situación, tanto verbalmente como emotivamente, y ellos, con toda la buena intención, reaccionaron.

Así fue como un día Vicente me comento que vendría su madre a buscarle para invitarnos a  merendar.

Como yo me consideraba un personaje importante no entendía que no nos dejasen ir solos a una cafetería, yo el capitán machote estaba preparado para ello y más.

Por eso y a regañadientes acepte, y a la salida del colegio me fui con Vicente para ir a pasar la tarde con él y su madre.

Cuando nos encontramos con ella algo me dejo de piedra, de mediana estatura, morena de pelo largo y con su misma sonrisa:

         María, así se llamaba la madre de Vicente, era ciega.

El capitán machote acaba de darse uno de los mayores tortazos de su vida.

De Vicente sabía que su padre era farmacéutico, que eran dueños de una farmacia familiar, pero de su madre no tenía ni idea.

Yo, el hombrecito, no sabía como reaccionar, ni como dirigirme a ella, ni como comportarme. ¿Cómo hablarla sin mirarla a los ojos?. Situación incomoda donde las haya que se contrastaba con la total tranquilidad de Vicente, menos mal que su madre se dio cuenta y reacciono tocándome la cara como si quisiera reconocerme,  hablándome con una aplastante dulzura y un maravillosa sonrisa.

-        No sabías que era ciega, ¿verdad?, me dijo, y yo asentí con la cabeza, y me dije:  ¿estas tonto?, ¡¡¡ que no te ve !!!.

-        Reaccione rápidamente y conteste con un tímido si.

Tras este indescriptible momento, no se como, pero acabamos en sentados en una cafetería.

Yo no paraba de mirarla me fascinaba y me intrigaba. Es ciega pero se  desenvuelve como una persona normal, pensaba.  Mientras tanto Vicente no paraba de hablar y yo solamente deseaba hacerle miles de preguntas que se me pasaban por la cabeza, y comencé.

María me comento que a los 24 años la detectaron una enfermedad ocular degenerativa,  que la dejaría ciega. Y así fue poco a poco fue perdiendo la visión y a los 26 años se quedo totalmente ciega.

Tuvo que asumir esta desagradable discapacidad a la que se debía enfrentar con toda la entereza posible, que le iba a dificultar, por ejemplo, realizar cosas tan simples y básicas como las necesarias para vivir.

Pero María tenía muy claro que esta discapacidad, la aceptaría, sabía que sería un problema, que perdería su independencia, etc., pero ello no le iba a impedir realizar algo que deseaba: ser madre.

Y así fue, tras medir y evaluar metódicamente los riesgos, como que su hijo podría heredar la misma enfermedad, tanto ella como su marido, decidieron asumirlo y así nació mi amigo, afortunadamente sano, feliz y orgulloso de sus padres.

María tenía muy claro que pese a su discapacidad, iba a realizarse como persona y contribuir, porque si ella no hubiera padecido esta enfermedad y su hijo hubiera nacido ciego, su objetivo no iba a ser otro que dotarle de oportunidades necesarias que le permitieran conseguir todo lo anterior.

Con el tiempo se dio cuenta de que su vida no tenía porqué ser peor, si distinta, pero para nada peor y por ello había decidido luchar.

Tener a Vicente la realizó como madre, se sentía orgullosa de ello y de haber formado una familia. Que su hijo no se sintiera diferente al resto. Y en verdad que lo consiguió.

Desgraciadamente no volví a ver a Vicente ni a María, pero a ambos desde aquí les deseo todo lo mejor.

Hay una expresión española muy conocida que dice:

“OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE”
en María su corazón, “SI SIENTE”.


" No es la discapacidad lo que hace difícil la vida, sino los pensamientos y las acciones de los demás.” (Autor anónimo).

sábado, 25 de agosto de 2012

FERRAN

En un hospital de Barcelona. Afortunadamente y desafortunadamente he tenido la oportunidad de vivir, en primera persona, experiencias muy significativas en este tipo de instituciones.
Mencionar hospital implica que algo afecta a la salud, ya sea para uno mismo o para un ser querido,  por ello encontrase en un hospital no suele ser agradable.
En este caso me remitiré a la estancia en un gran hospital público de Barcelona, en el que una persona muy allegada a nuestra familia, quedó ingresada por lo que clínicamente se denomina accidente cerebrovascular (ictus), considerado como emergencia médica de consecuencias complejas e imprevisibles y que en nuestro caso, degenero en un estado de coma (vegetativo).
Tras un duro y largo periodo de tiempo con recorrido inicial  en urgencias y posteriormente en  UCI, se le trasladó a planta, donde quedo ingresado. Es a partir de este momento, por ser parte directa como familia, que asumimos el rol de una figura no reconocida en los hospitales, pero muy importante, el denominado cuidador familiar, cuyo impacto beneficia tanto al paciente (cuidar a la persona), como al profesional (cierto alivio para su carga de trabajo).
Los cuidadores suelen ser imperceptibles para el entorno hospitalario que al no contemplarlos, no han definido infraestructura que permita adaptar esta figura. Situación que  según estudios realizados,  provoca en el mismo un estrés emocional que suele manifestarse con una importante necesidad de comunicarse y relacionarse.
Y este era mi caso, como seguramente el de todas las personas de la planta en mi misma situación, que fuimos automáticamente acreditados como cuidadores familiares.
La habitación donde nos encontrábamos era compartida, lo normal en un hospital de estas características, dos camas para los dos pacientes y poco más. El denominado cuidador disponía de una silla o dos sillas o sillón (en el caso más afortunado) y baño común de uso público, tanto para pacientes como acompañantes y visitas.
En nuestro caso y por motivos obvios no nos quedaba más remedio que repartir la estancia en el hospital donde yo asumí la mayor parte de las noches,  en las que coincidí con FERRAN, el otro cuidador familiar.
Ferrán acompañaba a su hermano, ingresado por  una apoplejía que a diferencia de nuestro familiar, él si mantenía parte de la conciencia y la movilidad.
Me comento que eran tres hermanos, de edades muy continuas, 79 (el mayor ingresado), otro de 76 y él de unos 69 / 70 años.  Y algo totalmente curioso, todos solteros y viviendo en la misma casa. Por la mañana creo que venía una persona que les asistía. Realmente anecdótico. Todos estuvieron a punto de casarse pero al final ninguna de las relaciones llego a formalizarse.
Regentaban un negocio propiedad de los tres, anteriormente de sus padres al que le habían dado continuidad y que hasta hoy les había permitido vivir muy dignamente, un colmado (ultramarinos) en el Eixample barcelones.
Ferrán estaba preocupado por su hermano, era el mayor y para él su referente, una persona muy importante en su vida y por ello  no quería pensar en lo peor (aunque era muy consciente de la edad y la situación), sentimiento que también extendía a su otro hermano.
Durante el tiempo que pase con ellos observe que existía una muy buena relación que confirmaba lo anterior.
Sensación que le traslade a Ferrán y que con gran humildad me conto que con independencia a lo importante de los valores, principios y educación transmitidos por sus padres, la relación de los tres hermanos siempre destaco por una serie de conceptos muy significativos marcados desde el principio: la confianza, la comunicación y lo que podría definirse como “una gran amistad”.
Criterios imprescindibles, que les permitieron  gestar  la unión y el compromiso necesario con los que poder  alcanzar tanto objetivos personales como profesionales. Sirva pues como ejemplo su forma de gestionar y dar continuidad al negocio familiar, donde su éxito parecía ser consecuencia de la existencia de este significativo vínculo o pacto establecido entre los tres, donde se podría decir que eran algo más que hermanos.
Ferrán daba mucha importancia a la confianza y la comunicación, pero su tema estrella era la amistad, disfrutaba hablando de ello.
Me comento que podía presumir de tener AMIGOS con mayúsculas. Le gustaba tener amigos y definía el concepto de amistad con una frase que se quedo para siempre en su mente y que recordó era de Aristóteles: “La amistad es lo más necesario en la vida”.
Por ello este concepto era parte importante de la relación con sus hermanos. Desde su punto de vista les había  ayudado a conocerse mejor y confiar mucho más. Ponía como ejemplo su influencia ante conflictos, fruto de la convivencia familiar, donde siempre ha funcionado como un antídoto que  refuerza valores tales como fraternidad, fidelidad y solidaridad.
Ferrán era feliz hablando de amistad y se sentía orgullos de ello. En una ocasión me pregunto:        
¿Cómo definirías a un amigo?,
Su respuesta fue:
“Un amigo es aquel que cuando le has invitado a una fiesta has tenido que insistir entre dos y tres veces, pero que cuando tienes un problema, es el primero en llamar a tu puerta”.
Gracias Ferrán. Todo un honor poder considerarme tu AMIGO.
“Vivir sin amigos no es vivir”. (Cicerón)

domingo, 19 de agosto de 2012

TELMO

Hace ya tiempo que por motivos estivales me desplace a la hermosa tierra de Galicia, concretamente la Costa de Bayona (Vigo, Pontevedra).
Sin lugar a dudas, uno de los lugares más hermosos que he conocido y que recomiendo, sin lugar a dudas visitar.
Como he indicado fueron unas vacaciones familiares, francamente,  difíciles de olvidar. En ellas solía acompañar a mi padre en sus paseos matutinos (madrugadores donde los haya, ocho de la mañana), que consistían en ir andando por el puerto (parte del paseo marítimo)  hasta el centro del pueblo y una vez allí desayunar en uno de su bares tradicionales que como todos, destacaba por su variada cocina gallega con productos del mar, montaña y huerta … todo lo indispensable para elaborar sus platos típicos y con seguridad muy conocidos  como el caldo gallego, empanadas, lacón con grelos, pimientos, tarta de Santiago, etc.. y por descontado el marisco, sinceramente difícil de resistirse, incluso a esa primera hora. Por ello, obviamente, nuestros desayunos no eran precisamente de café con leche y pasta, que a mi madre nunca le contamos (era un secreto de estado).
Por no entrar en detalles, describiría este lugar como un bar clásico, no muy grande, confortable y acogedor,  donde desde el primer momento fuimos muy bien recibidos y atendidos (amabilidad y hospitalidad gallega).
A esas horas siempre encontrábamos a las mismas personas que, imagino por la novedad y por nuestra constancia, poco a poco fueron entablando conversación.
Una de estas personas era Telmo.
Marinero de profesión que con sus 65 años había viajado por  la mayor parte de los continentes y que un accidente a los 45 años le obligo a dejar la mar, su principal razón de ser y a la que había dedicado toda su vida desde los 14 años (tras abandonar la escuela). Toda una trayectoria interesante y dura, llena de aventuras y experiencias que desafortunadamente este accidente ocurrido faenando en un buque noruego, le aparto para siempre de su mayor pasión: el mar.
Telmo, no aparentaba la edad que tenía. De aspecto saludable, de media estatura, corpulento y de pelo rizado pero con un número significativo de canas.
Cuando se incorporaba su pierna derecha resentía una pequeña cojera, algo había ocurrido.
Pero lo que más me encantaba de Telmo era su simpatía y su disposición para entablar una conversación y sobretodo contestar a nuestras preguntas que fueron muchas, ambos disfrutábamos con sus historias y experiencias.
De todas ellas quisiera resaltar algo que me impactó y que estoy seguro que rige para todos los marineros y es su respeto al Mar. Un dicho gallego, nos comento, lo deja bien claro: “El mar es el Dios que guía el destino de los marineros”.
Pero en Telmo se apreciaba algo diferente, una sensación de  respeto  común en ambos, una especie de vínculo y acuerdo entre el Mar y Telmo, donde me pareció entender que él había incumplido ese pacto. Su accidente le aparto del mar y evito poder realizar el compromiso que más adelante creo puede comprender.
Compromiso y respeto, valores fundamentales a tener en cuenta en una sociedad como la nuestra y que desgraciadamente cada vez son más escasos.

Telmo decía que la vida en el mar es de total respeto. Nunca puedes perderlo, se debe navegar sin miedo, pero siempre con respeto. El mar es impredecible, cambiante y caprichoso, por ello debes ser capaz de admirarlo y obedecerlo, nunca subestimarlo (importante lección que podría trasladarse a la gestión de adversidades y procesos de cambios). Para él embarcarse era saber que iba disfrutar, pese a las condiciones de vida y del trabajo en altamar. Era volver a rencontrarse con nuevas emociones, incógnitas, experiencias…  la mitad de su vida dedicada al mar.
Pero Telmo tuvo que enfrentarse a algo que seguramente en algún momento de su vida ya paso por su mente, un posible accidente que le apartase de lo más amaba y admiraba. Por ello con toda seguridad pactó este compromiso interior con el que pretendía entrelazarse y unirse para siempre. Pío Baroja escribió: “Queremos comprender al mar, y no le comprendemos”, Telmo si lo comprendía, lo respetaba y lo amaba.
Telmo era muy consciente y una frase me lo dejo muy claro:
“El mar se queda a los valientes y devuelve a los cobardes”
Entendía ahora su compromiso, su pacto interior, que desgraciadamente para él no pudo cumplir, pero que egoístamente para mí, dicho incumplimiento, me permitió haberle conocido.
Gracias Telmo, donde quiera que estés.
“El hombre de mar, de naturaleza peculiar, es capaz de navegar con valor extraordinario, contra corriente, entre vientos huracanados, manejando su navío contra viento y marea, sin escorarse, sin ir a la deriva, capeando el temporal con maniobras arriesgadas, hasta avistar un lugar seguro … “  (parte del poema de Carmen Formoso Lapido).

sábado, 11 de agosto de 2012

ISIDORO

Lleida comarca de la Segarra: Guissona. Hacia ya tiempo que por motivos de trabajo la había visitado, concretamente el Grup Alimentari Guissona.
Siempre me había fijado en el área ubicada a la entrada del pueblo donde se encuentra un supermercado, un buffet,  un lavado de coches y una gasolinera. Me habían hablado de su buffet, que merecía la pena conocer por su calidad precio. Hoy, un día muy caluroso de agosto, tenía esta oportunidad.
Como me habían ya advertido por las condiciones mencionadas, poder acceder por la gran afluencia de personas que lo visita, podría estar muy complicado. Aun así entramos y efectivamente aquello era inmenso. Frente al buffet convencional, en este, todos los productos cárnicos (frescos) no estaban cocinados y para ello se debía acceder a las diferentes planchas donde proceder a preparar este tipo de alimentos.
Una vez ubicados me dirigí hacía una de esas planchas en las que podían cocinar unas seis personas (individualmente) donde se debe esperar su turno. Con mi plato (más bien dos platos completos merecía la pena la experiencia) me puse junto a una persona mayor creo de unos 75 años que me llamo la atención por la forma ordenada y la distribución de la carne en la plancha.
Frente al resto de los que estaban en su misma situación cocinando en el resto de planchas, esta persona se movía y actuaba de forma diferente, en su plancha las piezas de carne destacaban del resto no solamente por el orden y distribución antes mencionado, sino por como esta persona se desenvolvía, donde parecía mimar a cada pieza y estas se lo iban agradeciendo mediante su color y apariencia.
ISIDORO ¿que pasa? ¿como va?. Te estamos esperando, todo está ya preparado.
El contesto: ¡Paciencia!,  que todo tiene su tiempo y que, a mi edad, las prisas no son buenas.
En ese momento y con la pretensión de no pecar de imprudente ni maleducado me permití la confianza de dirigirme a él llamándole por su nombre. Le comente que me estaba dando envidia, que me dejaba el listón muy alto en cuanto al nivel que iba adquiriendo todas las piezas de su plancha. Que tenía toda la pinta de ser un buen cocinero y un experto en estos temas, frente a lo incompetente que yo me consideraba en el arte culinario.
Se giro y se dirigió hacía mí con un gesto de amable y característico de una persona de su edad. Me confirmo que efectivamente le gustaba la cocina, que su especialidad eran los arroces y que en su casa siempre que podía aprovechaba para cocinar, desgraciadamente en muy pocas ocasiones lo había podido realizar. Me comento que por su trabajo de chofer (transportista), todo el día en carretera de sol a sol difícilmente pudo compatibilizar  la vida personal con la vida profesional (hoy en día objetivo muy valorado de la actual sociedad).
Me indico que su caso y como el de la mayor parte de su generación su vida fue trabajo y más trabajo, al principio en el duro día a día del campo y después, tras un gran esfuerzo, la carretera con intensas jornadas de horas y kilómetros en la cabina de un camión.
Por ello ahora ya jubilado y en alusión a la conversación anterior (era su señora), quería disfrutar y aprovechar todas aquellos momentos concretamente culinarios de cualquier magnitud (ya sea una simple plancha o plato más elaborado) dándoles los tiempos y dedicación que a su criterio merecían.
Me llamo la atención esta situación, donde una conversación breve he improvisada respecto a  como poner y cocinar unas piezas en una plancha tenía su explicación. Merecía la pena esta experiencia y por ello quise aprovechar la oportunidad de poder continuar conversando con Isidoro.

Sobretodo como aspectos tan distintos y diferentes de la vida de una persona (hechos, momentos), justificaban y daban sentido a determinadas acciones.
Así se lo traslade y su contestación fue de lo más simple y coherente. No le daba importancia ya que para él, actualmente, era habitual proceder de esta forma en cuanto a invertir tiempo y dedicación a todo aquello en lo que podía disfrutar.
Su vida había sido muy dura y no quería entrar al detalle, al final se consideraba y quería ser feliz y por ello reaccionaba de esta manera. Valoraba el tiempo como un factor clave, que la mayor parte de las personas no son capaces de adminístralo y manejarlo correctamente, él se había propuesto aprovecharlo al máximo y disfrutar cada momento.
Llego el momento en que Isidoro consideró que su plancha ya estaba hecha (efectivamente su bandeja daba envidia) y se despidió de mí, le agradecí el tiempo dedicado y le manifesté que con toda seguridad, a partir de este momento, mi punto vista sobre como hacer carne a la plancha había cambiado.
Sonrío y me dio la mano, gracias Isidoro por tu tiempo y por tu amabilidad.
“En las culturas milenarias de oriente las personas de la tercera edad son valoradas por su grandiosa sabiduría acumulada durante muchos años, los jóvenes recurren a ellos para pedir consejos y para aprender los valores”

jueves, 9 de agosto de 2012

INTRODUCCION

Hace ya tiempo que un excelente profesional y amigo me recomendó crear un blog con el objetivo de poder divulgar ideas, opiniones y experiencias.

Debo reconocer que la propuesta me pareció muy coherente y acertada ya que en los tiempos que vivimos, considero fundamental  aspectos tales como la comunicación y el conocimiento, donde para ello, la utilización de un blog puede ser una eficaz herramienta por su agilidad, su sencillez y su enorme alcance.

Es por lo anterior que he decido poner en práctica esta recomendación creando mi propio blog con el objetivo de intentar conseguir, como bien indican los expertos, contenidos interesantes, útiles y atractivos.

En una práctica totalidad de mi trayectoria profesional he tenido y tengo la fortuna de poder gestionar personas en un número significativo de  diversos entornos profesionales (organizaciones y sectores).

Fascinante experiencia que me ha permitido definir  un modelo de  gestión y compromiso personal basado en tres ejes: humanidad, comunicación emocional y  capacidad de escucha.
Modelo con el que pretendo conseguir y obtener una eficiente y eficaz gestión y dirección de Personas mediante la implicación, el compromiso, el desarrollo del talento y la motivación,  aspectos imprescindibles  para poder conseguir los objetivos, tanto cualitativos como cuantitativos, definidos en las diferentes organizaciones.

En este blog no es mi intención hablar sobre este aspecto profesional ya que considero que hoy en día y dada la situación actual, ya existen publicaciones, blogs, libros, artículos, etc., que tratan eficazmente temas similares en cuanto a la importancia y el impacto de la gestión de Personas en las organizaciones.

Todo lo contrario, mi interés en este blog es trasladar mi día a día de  experiencias con Personas Excelentes que he tenido la suerte y el privilegio de conocer  y conversar, personas que cuentan una historia y manifiestan emociones, personas que transmiten un sentimiento, que buscan el bien, personas con principios y valores, personas que dan sentido a la vida, ….



"La excelencia es saber construirse solidamente como ser humano, con piezas de calidad como los buenos principios y los valores"(MAHassan)
 
En resumen personas cuyos conocimientos y experiencias considero pueden ser de interés y utilidad a los potenciales seguidores y lectores de este blog.

Por ello y a modo de reflexión a la pregunta que seguramente todos los que tenemos hijos y nosotros mismos nos hemos hecho en una determinada etapa muy concreta de nuestra vida:

¿Yo de mayor quiero ser? …….

Espero que con la lectura de estas breves historias no haya la menor duda, intentar ante todo ser:

“UNA PERSONA EXCELENTE”