Como
ya he comentado en alguna ocasión, hace ya unos años que tuve una experiencia
personal que marco significativamente mi vida. Donde una vez superada dicha adversidad, he llegado a considerar dicha experiencia como algo muy positivo, porque conceptos tales como la confianza, la seguridad en mí mismo, la
autoestima y la importancia de los pequeños detalles, aumentaron
espectacularmente.
.
Y por ello, la percepción que tengo
de la vida, queda resumida en la siguiente frase:
“LA VIDA DEPENDE DE LA
INTESIDAD CON QUE SE VIVE, NO DE SU EXTENSION”.(Emil Ludwing).
En
esa etapa tuve que ingresar en un hospital en
más de una ocasión. Estancias en las que, para intentar distraerme y pasar el tiempo cuando
no recibía visitas y en la medida de mis posibilidades, me dedicaba a pasear por diversas
estancias y lugares del centro. Siempre
acompañado de mi inseparable soporte de suero y cableado adjunto.
En
uno de dichos paseos llegue a la denominaba área de hospitalización oncología infantil. Una planta totalmente diferente marcada por la
decoración de sus paredes y vestíbulos. Con dibujos de escenas alegres de
contenido infantil con los que, según me indicaron, se pretendía conseguir que los niños
ingresados, perdieran el miedo al entorno médico y que se encontrasen como en
casa.
Objetivo: dar continuidad a su vida, apoyados, tanto por sus padres, como por los
profesionales del centro.
Niños
que me dieron grandes lecciones por lo mucho que he aprendí de ellos: por cómo se
enfrentaban a su enfermedad, su valentía y
su coraje. Recuerdos que puedo asegurar, me ayudaron y mucho, a soportar la carga emocional que
iba implicar mi estancia hospitalaria.
Estos
niños son admirables y tenemos que aprender mucho de ellos, por su fuerza, por
su serenidad…. Son asombrosos.
Uno
de ellos era Nacho con 10 años y con un delicado diagnóstico: una Leucemia
Linfoblástica Aguda, pendiente de un donante no familiar de médula ósea.
Ciertamente una situación complicada.
Niños que, como he dicho antes, tienen un gran apoyo familiar, en el caso de Nacho, de su madre Anna (por
descontando también del resto de su familia).
Madres
que pasan días y noches enteras en el hospital, luchando cada momento por la
vida y la salud de sus hijos, preocupadas por ayudarles a enfrentarse esta
difícil situación.
Anna
era una de ellas.
Tuve
la ocasión de conocerla en una de esas visitas a planta justamente un día en
que por la tarde se realizaban actividades lúdicas en las que suelen actuar
diferentes grupos: payados, magos y que según me contaron, tienen el objetivo hacer disfrutar tanto a niños como a padres, para intentar mejorar su calidad de
vida y ayudarles en su recuperación física y emocional.
Actividades
en las que puede observar que todos participaban: profesionales médicos, enfermeras, auxiliares
que se olvidan de su trabajo y se transforman durante unas horas en payasos,
magos,… Familiares, padres, madres, abuelos, hermanos, que no dudan en formar
parte del espectáculo, en ponerse una nariz y transformarse en un clon
provisional y los que sin duda, para sus hijos, serán los mejores payasos del mundo.
Y
ello es lo que me llamo la atención, fijándome en Anna que con una bata de
colores, una peluca rubia y la típica característica nariz roja, no dudo en
participar (pese imagino, a su estrés y cansancio físico) para obtener la sonrisa tan deseada de todos
esos pequeños y maravillosos seres y en especial de su hijo Nacho.
Motivo
por el que me decidí a hablar con Anna.
Y
así fue como en las diferentes visitas que les puede realizar fui descubriendo
como era la vida de Anna:
Cuando te enfrentas a
una situación como la de Nacho te enfrentas a algo a lo que nadie te ha
preparado, nadie. Donde para nada te lo esperas y sobre todo cuando afecta a
una parte fundamental de ti: Tu hijo.
Convives con la
incertidumbre diaria y la esperanza. Donde la carga emocional es muy alta y
donde la desesperación no tiene cabida.
Como madre me he dado
cuenta de que mi papel y el de las otras madres
es primordial, por algo tan simple que todas las mujeres poseemos. Una especial capacidad para interpretar el
lenguaje no verbal de nuestros hijos. Que nos permite captar sus emociones,
generando una relación diría entre ambos cuyo objetivo es transmitirles la seguridad necesaria e imprescindible para su
estado. Una reacción que podría compararse a la que tenemos cuando el
niño es recién nacido.
Nuestra compañía hace
que nuestro hijo se sienta querido y protegido, donde estoy seguro que somos el
mejor apoyo para ellos.
Mi hijo me necesita y
me debo a él.
Por supuesto que esto
ha implicado postergar aspectos de mi vida, como el profesional, donde me he
tenido que hacer cargo de Nacho a día de hoy hospitalizado. Me siento muy
responsable de la salud de mi hijo.
Ello también ha afectado a mi vida familiar. Mi otra hija más
pequeña de 6 años Elena, no lo está llevando bien, primero por la situación de
su hermano y por otro porque piensa que quiero más a Nacho que a ella. Sé que
debo a enseñarle a interpretar entre lo que es urgente e importante y en este
caso es cuidar a su hermano hospitalizado, pero no es fácil.
También se ha alterado
la vida en pareja. En general los padres nos solemos turnar para acompañar a
Nacho y suelo ser yo la que paso más tiempo junto a él, por ello la interacción
es mínima y eso también es importante, pero como he dicho antes lo primordial
es que Nacho supere su enfermedad.
Pero también debo
decir lo orgullosa que estoy de mi hijo que pese a su situación, no ha cambiado
su humor y que cada día me demuestra y me da una lección sobre cómo llevar una
enfermedad tan grave con una madurez y naturalidad extraordinaria.
Por eso mi hijo y los
niños aquí ingresados son dignos de admiración y no de lástima.
Toda nuestra lucha y
todo lo que estamos haciendo por ellos nunca será suficiente.
Y
tienes toda la razón Anna.
Sirva
este pequeño testimonio como homenaje a todos aquellas MADRES EXCEPCIONALES que
como Anna, han vivido y están viviendo
estas delicadas y duras experiencias donde pese al dolor, la angustia, la
desesperación de la situación, lo
combaten con amor, coraje, fe, valentía y esperanza.
Nacho
consiguió someterse a un trasplante de médula ósea de donante no familiar y afortunadamente
lo logró superar.
Anna,
Nacho nunca os podré olvidar.
"Si supiera que
el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol". Martin
Luther King.



