sábado, 25 de agosto de 2012

FERRAN

En un hospital de Barcelona. Afortunadamente y desafortunadamente he tenido la oportunidad de vivir, en primera persona, experiencias muy significativas en este tipo de instituciones.
Mencionar hospital implica que algo afecta a la salud, ya sea para uno mismo o para un ser querido,  por ello encontrase en un hospital no suele ser agradable.
En este caso me remitiré a la estancia en un gran hospital público de Barcelona, en el que una persona muy allegada a nuestra familia, quedó ingresada por lo que clínicamente se denomina accidente cerebrovascular (ictus), considerado como emergencia médica de consecuencias complejas e imprevisibles y que en nuestro caso, degenero en un estado de coma (vegetativo).
Tras un duro y largo periodo de tiempo con recorrido inicial  en urgencias y posteriormente en  UCI, se le trasladó a planta, donde quedo ingresado. Es a partir de este momento, por ser parte directa como familia, que asumimos el rol de una figura no reconocida en los hospitales, pero muy importante, el denominado cuidador familiar, cuyo impacto beneficia tanto al paciente (cuidar a la persona), como al profesional (cierto alivio para su carga de trabajo).
Los cuidadores suelen ser imperceptibles para el entorno hospitalario que al no contemplarlos, no han definido infraestructura que permita adaptar esta figura. Situación que  según estudios realizados,  provoca en el mismo un estrés emocional que suele manifestarse con una importante necesidad de comunicarse y relacionarse.
Y este era mi caso, como seguramente el de todas las personas de la planta en mi misma situación, que fuimos automáticamente acreditados como cuidadores familiares.
La habitación donde nos encontrábamos era compartida, lo normal en un hospital de estas características, dos camas para los dos pacientes y poco más. El denominado cuidador disponía de una silla o dos sillas o sillón (en el caso más afortunado) y baño común de uso público, tanto para pacientes como acompañantes y visitas.
En nuestro caso y por motivos obvios no nos quedaba más remedio que repartir la estancia en el hospital donde yo asumí la mayor parte de las noches,  en las que coincidí con FERRAN, el otro cuidador familiar.
Ferrán acompañaba a su hermano, ingresado por  una apoplejía que a diferencia de nuestro familiar, él si mantenía parte de la conciencia y la movilidad.
Me comento que eran tres hermanos, de edades muy continuas, 79 (el mayor ingresado), otro de 76 y él de unos 69 / 70 años.  Y algo totalmente curioso, todos solteros y viviendo en la misma casa. Por la mañana creo que venía una persona que les asistía. Realmente anecdótico. Todos estuvieron a punto de casarse pero al final ninguna de las relaciones llego a formalizarse.
Regentaban un negocio propiedad de los tres, anteriormente de sus padres al que le habían dado continuidad y que hasta hoy les había permitido vivir muy dignamente, un colmado (ultramarinos) en el Eixample barcelones.
Ferrán estaba preocupado por su hermano, era el mayor y para él su referente, una persona muy importante en su vida y por ello  no quería pensar en lo peor (aunque era muy consciente de la edad y la situación), sentimiento que también extendía a su otro hermano.
Durante el tiempo que pase con ellos observe que existía una muy buena relación que confirmaba lo anterior.
Sensación que le traslade a Ferrán y que con gran humildad me conto que con independencia a lo importante de los valores, principios y educación transmitidos por sus padres, la relación de los tres hermanos siempre destaco por una serie de conceptos muy significativos marcados desde el principio: la confianza, la comunicación y lo que podría definirse como “una gran amistad”.
Criterios imprescindibles, que les permitieron  gestar  la unión y el compromiso necesario con los que poder  alcanzar tanto objetivos personales como profesionales. Sirva pues como ejemplo su forma de gestionar y dar continuidad al negocio familiar, donde su éxito parecía ser consecuencia de la existencia de este significativo vínculo o pacto establecido entre los tres, donde se podría decir que eran algo más que hermanos.
Ferrán daba mucha importancia a la confianza y la comunicación, pero su tema estrella era la amistad, disfrutaba hablando de ello.
Me comento que podía presumir de tener AMIGOS con mayúsculas. Le gustaba tener amigos y definía el concepto de amistad con una frase que se quedo para siempre en su mente y que recordó era de Aristóteles: “La amistad es lo más necesario en la vida”.
Por ello este concepto era parte importante de la relación con sus hermanos. Desde su punto de vista les había  ayudado a conocerse mejor y confiar mucho más. Ponía como ejemplo su influencia ante conflictos, fruto de la convivencia familiar, donde siempre ha funcionado como un antídoto que  refuerza valores tales como fraternidad, fidelidad y solidaridad.
Ferrán era feliz hablando de amistad y se sentía orgullos de ello. En una ocasión me pregunto:        
¿Cómo definirías a un amigo?,
Su respuesta fue:
“Un amigo es aquel que cuando le has invitado a una fiesta has tenido que insistir entre dos y tres veces, pero que cuando tienes un problema, es el primero en llamar a tu puerta”.
Gracias Ferrán. Todo un honor poder considerarme tu AMIGO.
“Vivir sin amigos no es vivir”. (Cicerón)

domingo, 19 de agosto de 2012

TELMO

Hace ya tiempo que por motivos estivales me desplace a la hermosa tierra de Galicia, concretamente la Costa de Bayona (Vigo, Pontevedra).
Sin lugar a dudas, uno de los lugares más hermosos que he conocido y que recomiendo, sin lugar a dudas visitar.
Como he indicado fueron unas vacaciones familiares, francamente,  difíciles de olvidar. En ellas solía acompañar a mi padre en sus paseos matutinos (madrugadores donde los haya, ocho de la mañana), que consistían en ir andando por el puerto (parte del paseo marítimo)  hasta el centro del pueblo y una vez allí desayunar en uno de su bares tradicionales que como todos, destacaba por su variada cocina gallega con productos del mar, montaña y huerta … todo lo indispensable para elaborar sus platos típicos y con seguridad muy conocidos  como el caldo gallego, empanadas, lacón con grelos, pimientos, tarta de Santiago, etc.. y por descontado el marisco, sinceramente difícil de resistirse, incluso a esa primera hora. Por ello, obviamente, nuestros desayunos no eran precisamente de café con leche y pasta, que a mi madre nunca le contamos (era un secreto de estado).
Por no entrar en detalles, describiría este lugar como un bar clásico, no muy grande, confortable y acogedor,  donde desde el primer momento fuimos muy bien recibidos y atendidos (amabilidad y hospitalidad gallega).
A esas horas siempre encontrábamos a las mismas personas que, imagino por la novedad y por nuestra constancia, poco a poco fueron entablando conversación.
Una de estas personas era Telmo.
Marinero de profesión que con sus 65 años había viajado por  la mayor parte de los continentes y que un accidente a los 45 años le obligo a dejar la mar, su principal razón de ser y a la que había dedicado toda su vida desde los 14 años (tras abandonar la escuela). Toda una trayectoria interesante y dura, llena de aventuras y experiencias que desafortunadamente este accidente ocurrido faenando en un buque noruego, le aparto para siempre de su mayor pasión: el mar.
Telmo, no aparentaba la edad que tenía. De aspecto saludable, de media estatura, corpulento y de pelo rizado pero con un número significativo de canas.
Cuando se incorporaba su pierna derecha resentía una pequeña cojera, algo había ocurrido.
Pero lo que más me encantaba de Telmo era su simpatía y su disposición para entablar una conversación y sobretodo contestar a nuestras preguntas que fueron muchas, ambos disfrutábamos con sus historias y experiencias.
De todas ellas quisiera resaltar algo que me impactó y que estoy seguro que rige para todos los marineros y es su respeto al Mar. Un dicho gallego, nos comento, lo deja bien claro: “El mar es el Dios que guía el destino de los marineros”.
Pero en Telmo se apreciaba algo diferente, una sensación de  respeto  común en ambos, una especie de vínculo y acuerdo entre el Mar y Telmo, donde me pareció entender que él había incumplido ese pacto. Su accidente le aparto del mar y evito poder realizar el compromiso que más adelante creo puede comprender.
Compromiso y respeto, valores fundamentales a tener en cuenta en una sociedad como la nuestra y que desgraciadamente cada vez son más escasos.

Telmo decía que la vida en el mar es de total respeto. Nunca puedes perderlo, se debe navegar sin miedo, pero siempre con respeto. El mar es impredecible, cambiante y caprichoso, por ello debes ser capaz de admirarlo y obedecerlo, nunca subestimarlo (importante lección que podría trasladarse a la gestión de adversidades y procesos de cambios). Para él embarcarse era saber que iba disfrutar, pese a las condiciones de vida y del trabajo en altamar. Era volver a rencontrarse con nuevas emociones, incógnitas, experiencias…  la mitad de su vida dedicada al mar.
Pero Telmo tuvo que enfrentarse a algo que seguramente en algún momento de su vida ya paso por su mente, un posible accidente que le apartase de lo más amaba y admiraba. Por ello con toda seguridad pactó este compromiso interior con el que pretendía entrelazarse y unirse para siempre. Pío Baroja escribió: “Queremos comprender al mar, y no le comprendemos”, Telmo si lo comprendía, lo respetaba y lo amaba.
Telmo era muy consciente y una frase me lo dejo muy claro:
“El mar se queda a los valientes y devuelve a los cobardes”
Entendía ahora su compromiso, su pacto interior, que desgraciadamente para él no pudo cumplir, pero que egoístamente para mí, dicho incumplimiento, me permitió haberle conocido.
Gracias Telmo, donde quiera que estés.
“El hombre de mar, de naturaleza peculiar, es capaz de navegar con valor extraordinario, contra corriente, entre vientos huracanados, manejando su navío contra viento y marea, sin escorarse, sin ir a la deriva, capeando el temporal con maniobras arriesgadas, hasta avistar un lugar seguro … “  (parte del poema de Carmen Formoso Lapido).

sábado, 11 de agosto de 2012

ISIDORO

Lleida comarca de la Segarra: Guissona. Hacia ya tiempo que por motivos de trabajo la había visitado, concretamente el Grup Alimentari Guissona.
Siempre me había fijado en el área ubicada a la entrada del pueblo donde se encuentra un supermercado, un buffet,  un lavado de coches y una gasolinera. Me habían hablado de su buffet, que merecía la pena conocer por su calidad precio. Hoy, un día muy caluroso de agosto, tenía esta oportunidad.
Como me habían ya advertido por las condiciones mencionadas, poder acceder por la gran afluencia de personas que lo visita, podría estar muy complicado. Aun así entramos y efectivamente aquello era inmenso. Frente al buffet convencional, en este, todos los productos cárnicos (frescos) no estaban cocinados y para ello se debía acceder a las diferentes planchas donde proceder a preparar este tipo de alimentos.
Una vez ubicados me dirigí hacía una de esas planchas en las que podían cocinar unas seis personas (individualmente) donde se debe esperar su turno. Con mi plato (más bien dos platos completos merecía la pena la experiencia) me puse junto a una persona mayor creo de unos 75 años que me llamo la atención por la forma ordenada y la distribución de la carne en la plancha.
Frente al resto de los que estaban en su misma situación cocinando en el resto de planchas, esta persona se movía y actuaba de forma diferente, en su plancha las piezas de carne destacaban del resto no solamente por el orden y distribución antes mencionado, sino por como esta persona se desenvolvía, donde parecía mimar a cada pieza y estas se lo iban agradeciendo mediante su color y apariencia.
ISIDORO ¿que pasa? ¿como va?. Te estamos esperando, todo está ya preparado.
El contesto: ¡Paciencia!,  que todo tiene su tiempo y que, a mi edad, las prisas no son buenas.
En ese momento y con la pretensión de no pecar de imprudente ni maleducado me permití la confianza de dirigirme a él llamándole por su nombre. Le comente que me estaba dando envidia, que me dejaba el listón muy alto en cuanto al nivel que iba adquiriendo todas las piezas de su plancha. Que tenía toda la pinta de ser un buen cocinero y un experto en estos temas, frente a lo incompetente que yo me consideraba en el arte culinario.
Se giro y se dirigió hacía mí con un gesto de amable y característico de una persona de su edad. Me confirmo que efectivamente le gustaba la cocina, que su especialidad eran los arroces y que en su casa siempre que podía aprovechaba para cocinar, desgraciadamente en muy pocas ocasiones lo había podido realizar. Me comento que por su trabajo de chofer (transportista), todo el día en carretera de sol a sol difícilmente pudo compatibilizar  la vida personal con la vida profesional (hoy en día objetivo muy valorado de la actual sociedad).
Me indico que su caso y como el de la mayor parte de su generación su vida fue trabajo y más trabajo, al principio en el duro día a día del campo y después, tras un gran esfuerzo, la carretera con intensas jornadas de horas y kilómetros en la cabina de un camión.
Por ello ahora ya jubilado y en alusión a la conversación anterior (era su señora), quería disfrutar y aprovechar todas aquellos momentos concretamente culinarios de cualquier magnitud (ya sea una simple plancha o plato más elaborado) dándoles los tiempos y dedicación que a su criterio merecían.
Me llamo la atención esta situación, donde una conversación breve he improvisada respecto a  como poner y cocinar unas piezas en una plancha tenía su explicación. Merecía la pena esta experiencia y por ello quise aprovechar la oportunidad de poder continuar conversando con Isidoro.

Sobretodo como aspectos tan distintos y diferentes de la vida de una persona (hechos, momentos), justificaban y daban sentido a determinadas acciones.
Así se lo traslade y su contestación fue de lo más simple y coherente. No le daba importancia ya que para él, actualmente, era habitual proceder de esta forma en cuanto a invertir tiempo y dedicación a todo aquello en lo que podía disfrutar.
Su vida había sido muy dura y no quería entrar al detalle, al final se consideraba y quería ser feliz y por ello reaccionaba de esta manera. Valoraba el tiempo como un factor clave, que la mayor parte de las personas no son capaces de adminístralo y manejarlo correctamente, él se había propuesto aprovecharlo al máximo y disfrutar cada momento.
Llego el momento en que Isidoro consideró que su plancha ya estaba hecha (efectivamente su bandeja daba envidia) y se despidió de mí, le agradecí el tiempo dedicado y le manifesté que con toda seguridad, a partir de este momento, mi punto vista sobre como hacer carne a la plancha había cambiado.
Sonrío y me dio la mano, gracias Isidoro por tu tiempo y por tu amabilidad.
“En las culturas milenarias de oriente las personas de la tercera edad son valoradas por su grandiosa sabiduría acumulada durante muchos años, los jóvenes recurren a ellos para pedir consejos y para aprender los valores”

jueves, 9 de agosto de 2012

INTRODUCCION

Hace ya tiempo que un excelente profesional y amigo me recomendó crear un blog con el objetivo de poder divulgar ideas, opiniones y experiencias.

Debo reconocer que la propuesta me pareció muy coherente y acertada ya que en los tiempos que vivimos, considero fundamental  aspectos tales como la comunicación y el conocimiento, donde para ello, la utilización de un blog puede ser una eficaz herramienta por su agilidad, su sencillez y su enorme alcance.

Es por lo anterior que he decido poner en práctica esta recomendación creando mi propio blog con el objetivo de intentar conseguir, como bien indican los expertos, contenidos interesantes, útiles y atractivos.

En una práctica totalidad de mi trayectoria profesional he tenido y tengo la fortuna de poder gestionar personas en un número significativo de  diversos entornos profesionales (organizaciones y sectores).

Fascinante experiencia que me ha permitido definir  un modelo de  gestión y compromiso personal basado en tres ejes: humanidad, comunicación emocional y  capacidad de escucha.
Modelo con el que pretendo conseguir y obtener una eficiente y eficaz gestión y dirección de Personas mediante la implicación, el compromiso, el desarrollo del talento y la motivación,  aspectos imprescindibles  para poder conseguir los objetivos, tanto cualitativos como cuantitativos, definidos en las diferentes organizaciones.

En este blog no es mi intención hablar sobre este aspecto profesional ya que considero que hoy en día y dada la situación actual, ya existen publicaciones, blogs, libros, artículos, etc., que tratan eficazmente temas similares en cuanto a la importancia y el impacto de la gestión de Personas en las organizaciones.

Todo lo contrario, mi interés en este blog es trasladar mi día a día de  experiencias con Personas Excelentes que he tenido la suerte y el privilegio de conocer  y conversar, personas que cuentan una historia y manifiestan emociones, personas que transmiten un sentimiento, que buscan el bien, personas con principios y valores, personas que dan sentido a la vida, ….



"La excelencia es saber construirse solidamente como ser humano, con piezas de calidad como los buenos principios y los valores"(MAHassan)
 
En resumen personas cuyos conocimientos y experiencias considero pueden ser de interés y utilidad a los potenciales seguidores y lectores de este blog.

Por ello y a modo de reflexión a la pregunta que seguramente todos los que tenemos hijos y nosotros mismos nos hemos hecho en una determinada etapa muy concreta de nuestra vida:

¿Yo de mayor quiero ser? …….

Espero que con la lectura de estas breves historias no haya la menor duda, intentar ante todo ser:

“UNA PERSONA EXCELENTE”